Buenos días chic@s. Último día de trimestre y después las merecidas vacaciones.
Hoy viernes tenemos inglés, ciencias, lengua, plástica y mates. Para inglés tenéis que mirar el blog de la maestra Lorena. El resto de asignaturas no las vamos a dar porque acabo de recibir este email.
ADELANTEEE!!!!!! Necesito recibir lo que os piden antes de las 14:00
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PISTA Nº 3: (Mitad de 8) ( 1º LETRA DEL…..)
-Sí, Fedra. Tus últimos exámenes han sido muy buenos, pero
aún te falta medio punto. Tenías unas notas muy bajas. Aunque has demostrado
ser mucho más capaz de lo que nos has hecho creer durante mucho tiempo, las
normas son las normas. Al menos ahora sabemos que puedes rendir igual mucho
más, incluso más que la media. Eso es una buena noticia.
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Hoy viernes tenemos inglés, ciencias, lengua, plástica y mates. Para inglés tenéis que mirar el blog de la maestra Lorena. El resto de asignaturas no las vamos a dar porque acabo de recibir este email.
ADELANTEEE!!!!!! Necesito recibir lo que os piden antes de las 14:00
Sé que podéis hacerlo, pero si necesitáis ayuda, aquí estoy.
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PISTA Nº 3: (Mitad de 8) ( 1º LETRA DEL…..)
A Fedra no le gustaba
nada el colegio y sacaba muy malas notas. No es que Fedra fuera poco capaz, sino que era muy vaga. Pero para evitar que la maestra le exigiera mucho, ella se hacía pasar por tonta.
Fedra preguntaba las cosas
muchas veces para que la maestra viera que le costaba entender las cosas. Para que no le exigiera mucho en los trabajos, Fedra hacía lo justo, con una
caligrafía mediocre y unos dibujos muy simples.
Aunque la maestra no
dejaba de insistir en que tenía que trabajar mejor, al final Fedra consiguió lo
que pretendía: que la maestra no le exigiera demasiado. Y así Fedra llegó a ser de las últimas de la clase.
Un día la maestra llegó muy contenta
al aula. Todos los niños lo notaron al instante. Cuando traída buenas
noticias, a la maestra le brillaban los ojos de
manera especial.
-¿Qué noticia buena tienes para nosotros? -preguntó Luis.
-¡Cómo me conocéis ya! -dijo la
maestra-. Sí, traigo buenas noticias. No, mejor que buenas… ¡excelentes!
Todos los niños abrieron los ojos como platos. Si la maestra
decía que eran excelentes noticias es que realmente lo eran.
-¡Nos han seleccionado para participar en la olimpiada
escolar! -exclamó la maestra-. Estaremos dos semanas de tour por todo el
continente, compitiendo contra otros grupos. Podremos hacer turismo, conocer a
mucha gente nueva y hacer muchas cosas.
-¡Bien! -gritaron los niños.
-Pero… -los interrumpió la maestra- no podréis ir todos.
-¡Oh! -exclamaron los niños.
-La olimpiada está reservada solo a los niños que tengan más
de una ocho de nota media -dijo la maestra-. Esforzaros durante estas semanas
que quedan.
Fedra estaba muy triste. Su nota media era de un cinco y
medio, algo menos tal vez. Todos los demás que no llegaban al ocho estaban muy
cerca.
-Vaya, Fedra, parece que tú te quedarás en tierra -le dijo
una de sus compañeras, muy bajito para que la maestra no la oyera.
Fedra no estaba segura de qué hacer. Llevaba tanto tiempo
haciendo lo justo que no sabía si iba a poder subir suficiente nota. Pero, aún
así, lo intentó.
La maestra se quedó sorprendida con los exámenes y los
trabajos de Fedra de las últimas semanas. Y llegó el día de la verdad.
-Tengo los resultados. Hoy os diré quiénes irán a la
olimpiada.
Los niños guardaron silencio. La maestra empezó a decir
nombres. Todos menos el de Fedra.
Cuando acabó la clase Fedra se acercó a la maestra.
-¿Yo me quedo? -preguntó Fedra.
-Sí, Fedra. Tus últimos exámenes han sido muy buenos, pero
aún te falta medio punto. Tenías unas notas muy bajas. Aunque has demostrado
ser mucho más capaz de lo que nos has hecho creer durante mucho tiempo, las
normas son las normas. Al menos ahora sabemos que puedes rendir igual mucho
más, incluso más que la media. Eso es una buena noticia.
Fedra estaba enfada consigo mismo. Al final hacerse la tonta
solo le serviría para quedarse en casa. Sin embargo, la maestra habló con la
organización y finalmente logró que la niña también fuera a la olimpiada.
Desde entonces Fedra se esfuerza al máximo, porque ha
descubierto que merece la pena hacerlo. Y es, mientras que la pereza la dejaba
estancada, el trabajo la llevaba muy lejos, en este caso, literalmente.
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